A ver, hay que distinguir dos supuestos, uno es que seamos nosotros los que decidimos salir de nuestra zona de confort y aventurarnos en lo desconocido. Es nuestra decisión, nuestro acto de valentía, o de desesperación, quién sabe… Al fin y al cabo, parte de nosotros. Pero otra cosa muy diferente es cuando somos “expulsados” de nuestra zona de confort por circunstancias externas a nosotros. Esto último es lo que les ha pasado a muchas personas con esta crisis sanitaria en la que estamos inmersos.

¿Y ahora qué? Yo estaba bien, en mi zona de confort con mi horario de trabajo, mis rutinas, mi familia, mi deporte, mis fines de semana, mi, mi…. De pronto y de un día para otro, ya no miro igual a las personas que me rodean, cambia la forma de trabajar, o sencillamente ya no hay trabajo, de relacionarnos, el confinamiento, las restricciones… y todo ese control se evapora porque, si te paras a pensarlo, te darás cuenta de que nunca había existido realmente.

Se nos presenta la oportunidad de recorrer un nuevo camino, inexplorado, diferente… Y seamos sinceros, del que no sabemos si saldremos o no fortalecidos. Podría decirte que todo esto te hará más fuerte y mejor, pero sinceramente no sería sincero y tampoco lo sé. Lo que sí puedo decirte es que tienes una elección en tu mano. Esa es el cómo vivirlo.

Cuando salimos de nuestra zona de confort normalmente entramos en el miedo, alimentado por la incertidumbre, el no saber, el no tener… En este caso podemos abalanzarnos y comprar papel higiénico como si se fuera a agotar en un día. Nos irritamos fácilmente y comenzamos a pensar en por qué ha pasado esto, yo quiero volver a lo de antes, me empeño en controlar la situación…

Sin embargo, las circunstancias no las podemos cambiar, nuestro margen de maniobra sobre la situación muchas veces se limita tanto que lo que nos queda es decidir cómo vamos a vivirlo. Y esto no significa qué durante las 24 horas del día, todos los días, respetemos y sigamos esa decisión. Pues no, porque entre otras cosas, no somos monjes budistas en equilibrio todo el tiempo.

Tampoco es una línea recta en la que siempre avancemos, es decir, tomo la decisión de soltar el control que en realidad no existe, dejo de hacer acopio de comida, de buscar en internet artículos o información que sé que me van a causar daño… Y tomada la decisión puedo volver atrás, hago una compra compulsiva o consumo aquello que se que no me viene bien. Vale, no pasa nada, porque si tienes clara tu decisión, volverás sobre ella. Y todo eso, aunque no lo creas, te llevará a crecer porque te hará descubrir un objetivo, un propósito, en el que quizás serás consciente de lo que tienes, disfrutas y por lo que dar las gracias, en lo que puedes ayudar, pensar en los demás, sentirte útil y aportar tu granito de arena.

Se reduce a eso, si no puedes cambiar lo que pasa fuera, cambia lo que pasa dentro de ti. Y oye, que nadie ha dicho que sea fácil. Pero sí que vale la pena.