Mucho se habla de volver a la normalidad… Esta semana muchos trabajadores han vuelto a su labor profesional, y aquellos, cuyas profesiones o puestos no les permiten teletrabajar, tienen que hacerlo presencialmente.

Llego a mi puesto de trabajo después de haber salido de casa con múltiples precauciones, guardando la distancia de seguridad, con guantes y mascarilla, en mi bolso o mochila llevo gel hidroalcohólico…

¿Quién imaginó alguna vez que ese sería su vuelta al trabajo? Más preocupados de mantener el distanciamiento social… (¿Cómo se hace eso en una obra?), repasando mentalmente que cosas he tocado, que tengo que limpiar, ¿cómo habrán limpiado en mi ausencia mi mesa o mi ordenador, o la máquina que utilizo? Paralizado por la idea de tener que volver a coger el metro a la vuelta…

Ni que decir tiene que en el reencuentro con mis compañeros no ha habido ni besos ni abrazos y muchos menos contarnos la “Semana Santa” de este año… Todos sabemos dónde hemos estado.

Y llegados a este punto.  ¿Qué es la normalidad?

La resiliencia es la capacidad que tenemos los seres humanos de enfrentar y positivizar momentos difíciles y situaciones traumáticas. Esta capacidad tiene hoy todo el sentido y protagonismo en nuestra vida.

Sin duda, esta ardua tarea nos lleva a trabajar por la integración de nuevos valores y hábitos en nuestro quehacer diario.

La cultura de las empresas y otro tipo de organizaciones deben de evolucionar y adaptarse a esta “nueva normalidad” donde los trabajadores y equipos puedan desarrollar de forma eficaz su labor.

No nos engañemos, nunca volverá a ser como antes, básicamente porque esta crisis sanitaria nos ha obligado a cambiar costumbres, hábitos y las formas básicas en las que nos relacionamos tanto en nuestra vida personal como en el trabajo.

Integrar, evolucionar, motivar, priorizar… son algunos de los retos a enfrentar en esta nueva realidad y nuestro equipo ya está preparado para acompañar a organizaciones y profesionales en estos grandes desafíos.