Soy un firme defensor del coaching y también de la psicología positiva, pero como decía una gran profesora que tuve, los extremos “pican”. ¿Qué quería decir con eso?, pues que no tenemos que llevar nada al extremo. Creo que entonces perdemos visión y perspectiva.

La realidad es que a veces nos encontramos con ello, con la creencia “aprendida” de que todo depende de nosotros, como si los contextos en los que nos movemos, sociales, económicos, políticos… no significasen nada.

Hace poco en una sesión de coaching salió este tema, lo que muchos llamamos: la dictadura de la felicidad. Todos recordamos las pancartas y mensajes que nos llegaban en la primavera del 2020, con el confinamiento de todo un país… “todo saldrá bien” o como nos repetían una y otra vez “vamos a salir mejores de todo esto”…

Y ahí estaba yo, en una sesión grupal donde me exponían abiertamente estos temas. Por supuesto que son mensajes simplistas, por supuesto que solo con leer una frase motivadora en instagram no te va a sacar de donde estas, y, lo que es más peligroso, el que nos lancen una y otra vez el mensaje de que si quieres, puedes, y además tu sólo, y conseguirás ser feliz… En fin, en mi humilde opinión no deja de ser una falacia. Sin contar la presión que eso ejerce sobre la persona, porque sino lo consigues es que algo estás haciendo mal y entonces tienes que seguir trabajando e insistiendo en ello. Y olvidamos el efecto multiplicador que tenemos los individuos cuando nos unimos, cuando trabajamos en una misma dirección y por los mismos objetivos. Ese individualismo rompe con valores que nos han permitido, históricamente, salir adelante de situaciones muy difíciles. ¿A quién interesa eso? Cada uno que explore su propia respuesta.

Entonces me detuve, y lo expuse claramente, el coaching es una herramienta de acompañamiento cuyo objetivo es liberar todo el potencial que tiene una persona o un equipo o un grupo. Y ahora lo que no es: no es una fórmula secreta que cuando la descifras ya eres feliz y va a ser todo “happy flower”.

Seamos sinceros, en la mayoría de los casos no buscamos una transformación si no hay una crisis, ya sea personal, laboral o del tipo que sea. Nos movemos cuando algo nos incomoda, nos pone frente a situaciones que no nos gustan o hacen tambalear eso que creíamos tan seguro.

En esa misma sesión, al que me hablaba sobre este tema de la “happycracia”, le pregunté que necesitaba, y sin dudarlo, me dijo: mandar a la mierda… Hazlo, por favor hazlo, ponte en pié o sentado o como quieras y hazlo. Mandar a la mierda, el desahogo expresado como cada uno quiera. Por favor, no nos reprimamos de sentir esto también, y los malos días, y cuando todo te sale mal, porque problemas tenemos todos, y luego están los dramas, que son mucho peor, y claro que tienes derecho a “mandar a la mierda” o a estar triste o enfadado… o como quieras.

Lo importante es que sepamos reconocer nuestras emociones, como gestionarlas, como darnos nuestro espacio…

Desde Motivateam! Utilizamos el coaching para dotar de herramientas a profesionales y organizaciones que les permitan gestionar aspectos como estos y desarrollar sus potenciales, transformando equipos en algo más que la suma de sus componentes.

Me emocionó ser participé de ese descubrimiento por parte de ese grupo, de trabajar estas creencias y en darse cuenta como el coaching se podía convertir en una herramienta más a utilizar en su día a día, dentro y fuera de la oficina.