Siempre me recuerda a la película de Bill Pullman de los años 90, Atrapado en el Tiempo, en el que el mismo día se repite una y otra vez.

¿Y por qué explico esto? Hace unos días, en una sesión de coaching de equipo online, uno de los participantes me recordaba esta expresión: Es como el día de la marmota. Referido a eso, su día de trabajo se repetía una y otra vez de la misma forma, y se veía incapaz de cambiarlo y eso le producía frustración.

A quién no le ha pasado alguna vez que haya utilizado esta expresión de la marmota o una más manida todavía: Siempre es lo mismo. En este caso que nos ocupa lo quiero llevar al trabajo, a aquellas situaciones que se repiten una y otra vez y que nos causan tristeza por la imposibilidad de que sean de otra forma.

Es algo que vemos con cierta asiduidad en las reuniones, formación y sesiones de coaching de grupos y equipos de trabajo. “He dicho un montón de veces que el informe no se puede entregar así”. “Estoy harto de decir que las facturas no se pueden admitir de esta forma”. Y entonces se produce esa sensación de estar atrapado en el día de la marmota, esa espiral sin fin que nos frustra.

Lo que suele ocurrir es que colocamos el foco en los demás, en lo que hacen, en el cómo lo hacen, porque nosotros ya hemos hecho nuestra parte, lo he explicado varias veces como es y, aun así, las cosas siguen sin ocurrir como yo quiero que pasen. El trabajo no se presenta como es debido, no se organizan las cosas como he dicho, y cada uno sigue campando a sus anchas con sus propias formas de hacer las cosas.

Es entonces cuando yo pregunto eso de… ¿Y qué dice esto sobre ti? Más de una vez me han mirado con caras de sorpresa porque claro, que pregunte por los demás vale, pero es que yo ya he hecho mi parte.

Ojo, que nosotros pensemos que lo hemos comunicado perfectamente bien, no quiere decir que el otro lo haya entendido como nosotros queremos. Para ello debemos asegurarnos de que la información ha sido recibida como deseamos. A ver, somos dueños de comunicarlo como creamos mejor, pero nunca lo somos de lo que la otra persona puede llegar a entender del mensaje que hemos lanzado.

Probemos a cambiar el foco, ponerlo sobre nosotros y analizar cómo estamos transmitiendo el mensaje y asegurémonos de que esa persona ha entendido la información como nosotros queremos, porque de ser así, el problema ya no sería de comunicación.

El 90% de nuestra comunicación es no verbal, por lo tanto, tenemos que estar atentos a todos esos aspectos para asegurarnos de lo que estamos comunicando, pensemos no solo en las palabras, sino en su tono, su volumen, los gestos que acompañamos, si estamos mirando a la persona en cuestión… todo cuenta y todo suma… o resta.

Esto claro, si estamos delante de la persona, ya sea físicamente o a través de la pantalla de un dispositivo, porque si estamos hablando de la comunicación a través del correo electrónico, entonces lo que tenemos son las palabras. La entonación, el volumen y demás puede venir apoyado en figuras como el uso de mayúsculas, exclamaciones y demás, pero ese es otro tema que podemos analizar en un próximo post.

Volviendo al principio, en la película todo termina cuando el protagonista aprende de ese día para que no vuelva a repetirse, estoy convencido que ese es el “secreto”, aprender para evitar tener que enfrentarnos a la misma situación una y otra vez.