Vivimos en una sociedad en la que nos bombardean constantemente con la felicidad y el positivismo, pero reconozcámoslo: ¿Quién puede ser positivo y feliz 24 horas al día los 365 días al año?

Esto me lleva a la siguiente pregunta: ¿qué es la felicidad para cada uno de nosotros? Me lo apunto para un próximo post.

Desde aquí y en este momento reivindico el derecho a tener un mal día. Cuantas veces también escuchamos lo de un mal día en el trabajo y además lo utilizamos como excusa, como si lanzásemos un anzuelo que nos sirva para eludir la responsabilidad por algo que no hemos realizado.

Pero ojo, que tener un mal día es un gran maestro. En primer lugar, porque podemos aprender más de nosotros mismos, de nuestras emociones y de cómo gestionarlas. Ese mayor autoconocimiento nos lleva además a conocer qué necesitamos en ese momento.

Un mal día puede fomentar la paciencia y, como ya hemos visto, la reflexión, que también nos conduce a analizar nuestras prioridades y hacer cambios en esa lista.  Nos invita a darnos nuestro sitio, a ser un poco sufridos, a valorar lo que realmente nos llega.

Un mal día debe sacar de nosotros el afán de superación, para tomar impulso y sentirnos mejor al ser capaz de superarlos haciendo aquello que nos proponemos.

Me gustan las personas que reconocen tener un mal día, que se esfuerzan por gestionarlos, por navegar en esta tormenta de frustración que parece sin sentido, ese sufrimiento algo absurdo que no tiene una razón clara. Reconozcámoslo, no hay nadie que no tenga estos momentos.

Huyamos de esa dictadura de la felicidad y del positivismo en la que me temo, han caído muchos profesionales corriendo el riesgo de convertirse en meros charlatanes de frases bonitas y buenos principios. Todo ello, por supuesto, sin irnos al otro extremo de pesimismo y anclarnos en el papel de víctimas.

Todos tenemos un mal día, una frase tan repetida como cierta. Pero entender ese mal día, es el paso necesario para superarlo.

Otra cosa es si tenemos muchos malos días… Esa es otra situación que nos indica que algo está fallando y que tenemos que mirarlo.

La próxima vez que tengas un mal día, párate, reflexiona, reconócete el derecho a tenerlo y sobre todo aprende de él.

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